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EL PERFIL DE UN CONQUISTADOR

Hernando Cortés venció muchos obstaculos para lograr la conquista de México. El más grande probablemente era la antipatía de Diego Velazquez hacía él, quien había decidido que el conquistador Méxicano, debió haber sido Vasco Porcallo de Figueroa.

Cortés llego a America en 1504 e imediatamente aseguró al secretario del gobernador de Santo Domingo, que el no era un colonizador. Cuando le concedieron un pequeño lote y una distribución de Indios, el replicó "Es que yo solo vengo en busca de la gloria de España y mia y no trabajar la tierra como una persona rústica.", ni siquiera un título de Notario del País Recién Nacido lo satisfizo.

En 1511 cuando Diego de Velazquez decidió ganar la isla de Cuba para la colonia española. Cortés se agregó a la expedición seguro que para él, el momento de gloria estaba apunto de comenzar. Por su brillante participación en la invasión, su sincero y abierto tratamiento hacía la gente junto con sus chistes picantes, lo hicieron ganar la amistad de sus camaradas y ocupó la posición de secretario de Velazquez, quien en ese momento había sido nombrado gobernador de Cuba, las diferencias entre el secretario y el gobernador comenzaron cuando Cortés se rehusó a llenar su promesa a Catalina una de las cuatro bellas hermanas Suarez Macaidas. Cortés le había propuesto matrimonio y hasta se aseguró de obtener ciertos favores de ella.

Los narradores dicen que el gobernador manteniendo una relación amorosa con una de las hermanas de Catalina maltrató a Cortés en público una vez, las fricciones entre ellos siguieron, hasta que un día Cortés se unió al bando de los enemigos del gobernador que se quejaban de él ante las autoridades de Santo Domingo. El estaba dispuesto a ser la cabeza de los protestantes pero Velazquez se enteró del complot y con doble razón lo envió a la carcel y Cortés pidió asilo en una iglesia cercana. Un día salió a aventurar de su refugio, Juan Escudero, el sheriff, lo aprendió. Años después en la Nueva España, Cortés trataría de estrangularlo. La mañana siguiente lo mandaron encadenado en una embarcación a la isla de La Española.

Una vez más Cortés hizo gala de su naturaleza indomable, logró desencadenarse y regresar nadando a la isla para refugiarse en la misma iglesia. Esta vez estuvo de acuerdo en casarse con Macaida, que era como le decían a Catalina, y con esto los problemas estaban temporalmente resueltos; hasta le pedió a Velazquez que fuera el padrino de su hijo, lo que hizo la relación más fuerte. No le regresaron su trabajo como secretario pero obtuvo la protección del gobernador, mejores tierras y una gran distribución de indios y en el extremo occidental de la isla, cerca de Santiago de Cuba, después del cual, sería nombrado alcade e introdujo por primera vez en Cuba ganado para la tierra. En unos cuantos años hizo una gran fortuna y se volvió un colonizador más.

Sin embargo su espíritu de conquistador regresó con gran ímpetu cuando Velazquez le propuso el mando de una tercera expedición que iba hacía México. Las recomendaciones de Andrés Duero y Amador Lares, secretario y contador del gobierno respectivamente, hicieron que el hombre del extremo de la colonia pareciera ser la persona ideal para la expedeción. Velazquez reveló con cierta reserva el deseo de nombrarlo Capitán General del ejército que se supone iba a continuar con los descubrimientos de Grijalva, otro conquistador, aunque la mayoría de los gastos de la campaña correrían por su cuenta, Cortés se apresuró y empeñó propiedades y se endeudó con el propósito de tener suficientes provisiones para el viaje, ya que él pensaba que su gran oportunidad había llegado. Recibió instrucciones y el 23 de octubre de 1518 debía partir en busca de Grijalva que se había tardado más que Alvarado y tratar de rescatar media docena de españoles que eran prisioneros de los indios de Yucatán. El estaría limitado a viajar por las costas y tomar nota de los recursos naturales del país y de las costumbres y razas que lo habitaban. A toda hora, las disposiciones reales deberían haberse cumplido y nunca olvidarse de seguir la ley de Diós. Sin embargo, el visionario del extremo de la colonia empezaba a ver sus sueños de una empresa mayor hacerse realidad.

Mientras Cortés se apresuraba en la preparación de los barcos, Velazquez cambió de opinión después de oir los consejos de algunos amigos y parientes; decidió nombrar a Vasco Porcallo de Figueroa en vez de Cortés como capitán del ejército. Alares y Aduero se enteraron, se apresuraron a prevenir a Cortés que debería partir sin demora alguna y eso lo hizo irse de Santiago con su flota preparada a medias.

Velazquez mandó a alguien que persiguiera y alcanzara a Cortés en el medio extremo de la isla de Cuba en el Puerto de la Trinidad. Ahí los emisarios del gobernador llegaron con ordenes de arrestar a Cortés y darle la cabeza del ejército a Vasco Porcallo de Figueroa pariente del Conde de Feria. En una persecución de película en el Caribe, Velazquez mandó a sus hombres para que pudieran arrestar a Cortés y seguir las instrucciones sobre Porcallo. Cortés no se asustó, ni siquiera por el hecho de que alguna gente que lo acompañaban eran amigos y parientes de Velazquez. Nada ni nadie eran capaces de detenerlo. El sabía como esquivar los obstáculos que se le presentaban en su camino a ganar el poder de lo que prometía ser un imperio según los indios de Yucatán. Finalmente con el lema "Amigos, vamos a seguir la cruz, teniendo fé en esta señal, conquistaremos el imperio o moriremos en el intento." Aunque el viaje no estaba oficalmente reconocido, Cortés partió con su ejército de once caravelas con 673 españoles útiles para la guerra. Partió del Cabo de San Antonio con invariable ruta a Yucatán y llegó a Veracruz en febrero 18, 1519.