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LA MUJER QUE FUE ENTERRADA VIVA

Las calles del Centro Histórico de México han sido una inagotable fuente de leyendas y tradiciones de la vida colonial. Transmitidas por tradición oral primero y luego consagradas por historiadores y crónistas desde la mitad del siglo XIX, se vuelve difícil desenredar la realidad histórica de la imaginación popular. Un ejemplo de éste caso es el de una dama de luto que solía asustar a los que moraban en la ruidosa "Mansión Jauregui", que estaba ubicada en el desaparecido callejón de Mecaperos. Artemio del Valle Arizpe nos cuenta que primero un grupo de monjas huyó asustadas, se habían estado quedando ahí durante la Reforma Religiosa: la gimiente aparación se les había mostrado, envuelta en una bata bajo la cual escondía un bebé y un medallón de rubies, vendieron la casa y luego la compró un contador, José Herrera, cuando los gemidos de la noche comenzaron, las apariciones y luces misteriosas, su manera de ser práctica, convenció a Herrera, de que había un tesoro enterrado. Una noche, mientras estaba excavando ayundándose con las varas de San Ignacio que apuntaban hacía donde estuviera el oro, claramente oyó una voz del más allá que le advertía "Aqui no hay ningún tesoro, y lo que esta escondido no debes encontrar, no excaves más." Por supuesto que Herrera hizo caso a quien sea que le haya hablado con tanta certeza y dejo atrás el tesoro y a la misma vez, la casa. La leyenda llega hasta aquí

En 1881, el consejo municipal mandó derrumbar las casas del mencionado callejón para ampliar la calle de 5 de Mayo, cuando estaban demoliendo la casa abandonada de los Jaureguis, tumbaron una pared y encontraron una momia de una mujer emparedada entre las paredes, entre sus brazos estaba cargando un bebé y en su pecho arrugado y maltratado, tenía un medallón de rubies que estaba manchado de sangre. Una investigación descubrió el secreto de la mujer emparedada viva, Inés de Jauregui, una heredera rica, había conocido a Pedro Solares en una de las muchas fiestas que la dama había ofrecido a la alta selección de la comunidad novo hispana. Enamorada del hombre galante y oportunista, se casó con él sin saber mucho acerca de su vida. Solares era un jugador y aficionado de las mujeres y en unos pocos años logró gastarse la enorme fortuna de los Jaureguis

Doña Inés cansada del maltrato y parrandeo de su esposo, se armó de valor una noche en la que Solares quería despojarla de su última joya que había logrado rescatar, para mantener a su hijo.Furioso ante la fuerte oposición de doña Inés que no soltaría su hijo o la joya, Solares la amarró y la arrastró a uno de los últimos cuartos, que habían sido previamente ocupados por muebles de lujo, y empezó a cubrir a la madre y al hijo con piedras, una tras otra. Quería ver si una vez asustada, soltaba la joya. Sin remordimientos, Solares cubrió con yeso el siniestro acto para poder vender la casa. Algún tiempo después, él mismo encontró su muerte en una pelea en un prostíbulo.