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EL ENIGMA DE UNA DECADENCIA

El tema del final aún confunde a la gente con su esquema de una hipotesis, que es poco compatible con las demás. Ninguna de ellas nos da un respuesta incuestionable. Es verdad que los trazos de enormes incendios han sido encontrados pero no es fácil fecharlos e interpretarlos. Muchos de esos incendios parecen haber sido metódicamente preparados. Muchos arqueólogos atribuyen la invasión y destrucción de Teotihuacán a tribus guerreras nómadas del Norte. Sabemos que la ciudad no estaba fortificada y nunca se ha asegurado que poseía un verdadero ejército. Por otra parte, los adeptos de la hipotesis de la invasión y sequía de Teotihuacán fechan estos sucesos hacia el principio del siglo VII aún antes, alrededor del año 500, esta época es usualmente considerada la cima de Teotihuacán.

Sin embargo, la mayoría de los especialistas no diagnostican los signos de decadencia y desgaste de la civilización de Teotihuacán antes del siglo VII. Esta fecha pudo levantar una nueva casta aristocrática que sería un rival para los sacerdotes, habría formado sus propias normas teocráticas y serían practicadas con ambición de poder y enriquecimiento personal, una clase de gobierno que si no era autoritario, al menos sería opresor y más estricto, lo que provocaría sobre un largo periodo de tiempo, una civilización desorganizada y desbalanceada. Las rivalidades y luchas en el seno de la clase sacerdotal, una sobrepoblación cada vez más difícil de alimentar; hambre, malas cosechas, inclusive una posible alteración climática que dañarían a la agricultura que ayudó a la separación del pueblo de la Ciudad de los Dioses: toda esta cadena de causas y efectos pudo originar la desintegración de la gloriosa metropolis.

Esta y otras conjeturas esperan que nuestro incompleto conocimiento y comprensión del remoto pasado Pre-Colombino, algún día progrese. Sólo una cosa parece ser cierta, a principios del siglo VIII, Teotihuacán, parcialmente destruida, privada de su élite sacerdotal y substancia religiosa, abandonada por la mayoría de sus habitantes, sobrevivió con una existencia obscura. La capital del Quinto Sol había concluido su esplendido curso y había empezado su descenso hacia la noche obscura, futuro de toda grandeza. Para el siglo XX de la era Cristiana, el más puro punto de enfoque de la civilización del México antiguo sigue siendo una fascinante cantera abierta en el flanco de la historia.